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Historia de un momento

CAPÍTULO 1: Despertar


El reloj marcaba las 3.30 de la madrugada. ¿Qué acababa de ocurrir? ¿Estaba soñando?Definitivamente sí, solo fue un sueño. ¿Por qué todo lo bueno ocurría en los sueños? Estuvo un rato barajando la idea de abrir o no los ojos. Aunque no podía dormir estaba muy cansado. Sin embargo, la lucha entre el cansancio y el aburrimiento no duró mucho. Abrió los ojos. Estaba todo en silencio y oscuro, a excepción de la luz de la tele. ¿Se había dormido con la televisión encendida? Aunque se extrañó, era de esperar. Max llevaba tiempo sin pegar ojo por las noches, y no era para menos. En menos de una semana ha destrozado todo lo que tenía. Primero su novia, luego sus estudios y por último la relación con sus padres. ¿Es que no sabía hacer nada bien?

Se incorporó lentamente en su cama de modo que quedó sentado encima mirando a la pequeña tele de tubo que tenía en su habitación. Era vieja, pero al menos se veían un par de canales. Con cuidado para que no se despertara nadie, cambió de canal. A esas horas nunca dan nada bueno, pero de casualidad se quedó embobado mirando un anuncio.

El eslogan era poco convincente, pero en ese momento realmente le interesó. Un concurso de bandas, cerca de la ciudad. El premio era tocar en un concierto.
Max llevaba años tocando la guitarra, le apasionaba, y tocaba bastante bien. Hacía unos meses , comenzó con un grupo, se llamaban “Best Place Ever”. Pero todo lo que le había ocurrido también había afectado a su grupo, a tal punto de que hacía días que no hablaba con ninguno. Se había esmerado en desaparecer. No obstante, ese anuncio le animó. En cuanto pudiera le explicaría a su grupo de lo que trataba el concurso. Seguro que así les animaría. Tenía el presentimiento de que su vida iba a cambiar.

Se levantó definitivamente y se dirigió a su escritorio. Allí tenía su ordenador, un bote con bolígrafos de todo tipo, y un pequeño espejo. Se miró, tenía el pelo revuelto, las ojeras negras le llegaban a sus mejillas y sus ojos se notaban cansados. En realidad no era feo, de hecho era bastante atractivo, su novia siempre le decía que se parecía a uno sus cantantes favoritos; pero los hechos acontecidos parecían haberse llevado toda su vitalidad.

Se peinó ligeramente y cogió algo de ropa que ponerse. Salir a coger aire le pareció la mejor opción. Aprovecharía y sacaría a la perra. Pero antes encendió el portátil. Abrió internet y tecleó la dirección de Facebook. Tenía dos mensajes privados. "Algo totalmente lógico", pensó. Apenas tenía tiempo para conectarse y cuando lo tenía prefería no hacerlo porque sabía que a la mínima volvería a recordar todo lo que le pasó. No le gustaban las situaciones incómodas y la que estaba viviendo lo era.

El primer mensaje era de Sandra, su novia, o su aún novia. Había sido escrito el día anterior, en él podía leer : “Quiero verte, deberíamos hablar de esto, no podemos seguir así”. No supo qué contestarle, así que lo cerró y se prometió a sí mismo que la llamaría por la mañana. Sin más preámbulos abrió el siguiente. Era de Leo, su amigo de la infancia y el batería de su grupo. En la pequeña pantalla del smartphone se leía: “Tío, ¿Dónde te metes? Hace días que no apareces por los ensayos, y no contestas al móvil. Ya ni siquiera te conectas. Cuando te decidas a aparecer pásate por mi casa, no importa la hora ni el momento. Necesito que veas una cosa brutal". Al final del mensaje había un enlace a YouTube. Era una canción poco conocida, pero que a ambos les encantaba.

Ya sabía cuál iba a ser su primera parada en su paseo nocturno. La casa de Leo estaba al lado de la suya así que tampoco era mucho camino.
Apagó el ordenador, cogió su móvil y las llaves, cogió a su perra y se puso los zapatos. Recorrió todo el pasillo de puntillas, por fin llegó a la puerta y la abrió y cerró con cuidado. Aún no lo sabía, pero su día no acababa más que comenzar.